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En el corazón de Haut-Barsac, Château Guiteronde se beneficia de una situación excepcional y muy soleada.

Si al otro lado de la rivera del Ciron los suelos de Sauternes son mas bien guijosos, en Barsac, son típicamente sobre todo de argilo-caliza. El terruño de Château Guiteronde comparte ese mismo tipo, ya que está constituido de un zócalo espeso y calcáreo en astería recubierto de una pequña capa argilo-caliza y areno-arcillosa.
A principios de otoño, las mañanas particularmente brumosas y favorecidas por las aguas frías del Ciron, dan paso a mediodías todavía calientes y soleados. Sólo este microclima es compatible con la magia de la botrificación.

Se trata de un hongo microscópico, el Botrytis cinerea, del que viene el secreto de los vinos de Sauternes. Este hongo muy común, y nefasto en la inmensa mayoría de otras regiones vitícolas, va, bajo este microclima tan particular, atacar el grano de otro modo. El hongo permite lo que se denomina la “podredumbre noble “, que vuelve la piel de la baya permeable al agua provocando una mayor maduración de la misma, que se arruga, se concentra en azúcar, y se confita.